Loas al Comercio! poderoso Dios
- Pedro Paramo

- May 28, 2020
- 3 min read

El apuro se hacía cada vez más palpable, las masas de gentes saliendo a las calles en los estados más Republicanos de los Estados Unidos, exigiendo la "vuelta a la normalidad" se volvia mas un lugar común en las noticias del dia. Disfrazados en sus trajes de fajina y armados con fusiles de asalto, estos defensores de la libertad y la Constitución, como se autodenominan, desafiantes gritaban a coro que ellos decidían si la pandemia los afectaba a ellos o no. Una mujer en su clímax de delirio, exige que la dejaran ver a su peluquero. Otro, orgulloso de sus tres operaciones a corazón abierto, pedía que se le deje enfrentar solo, lo desconocido.
En Sudamérica, afectada ya antes de la pandemia por una informalidad omnipresente, la ausencia de respeto a la ley se volvió crónica, masas desesperadas de gentes tratando de sobrevivir vendiendo lo que sea: frutas, máscaras para protegerse de la pandemia, ropa especial para protegerse de lo invisible, se exponían a perder su vida so pretexto de sobrevivir.
Esta pandemia ha revelado de manera clara y cruda en su realidad lo que ya existía de una manera un poco menos reveladora antes: La ausencia de respeto a la ley, a los demás y a sí mismos. Las consecuencias podrían ser de una magnitud de desgracia bíblica. Antes de la pandemia, la finísima línea entre la calamidad y el seguir funcionando como si nada ocurriera, se mantenía inalterable. Solo basto la minúscula interferencia de un virus, para demostrarnos de que el mundo giraba, resistiendo desigualdades, golpes bajos e injusticias, para mostrarnos que la pobreza era la regla, que hay seres que sufren más las consecuencias de desidias históricamente inalterables.
Nuestro gobiernos y los líderes que esos gobiernos tienen, han tomado decisiones movidos por lo mismo, pero con fundamentos diferentes. En los Estados Unidos, el liderazgo adolescente de un personaje farandulesco impulsa la apertura del comercio, iglesias, y todo lugar que sirva para vender algo: la salvación de almas o comida chatarra. Me da la impresión, de que la decisión es la de jugársela al todo por el todo, no importa ya la cantidad de seres humanos que puedan perderse en esta guerra, con tal de reactivar una economía moribunda, después de la abundancia.
En Latinoamérica, algunos gobiernos directamente han tirado la toalla, aun siendo los primeros en seguir todas las pautas de la organización mundial de la salud, sus habitantes desesperados por la ausencia de algún ingreso para sobrevivir han optado por retar a la muerte o al concepto más cercano a ella para poder alimentarse. Esta pandemia, ha mostrado de manera cruda, las desigualdades sociales de nuestros países, grandes o pequeños, ricos o pobres, en los que grandes masas de personas sobreviven con el dia a dia, los retos por sobrevivir en nuestra latinoamérica son cotidianos e imprevisibles, la gente se acostumbra a vivir de una manera azarosa, sin saber si pagara la renta el mes que viene o si se deberá mudar quién sabe dónde para seguir sobreviviendo.
En los países ricos, en los que algunos de ellos han demostrado que el reto les quedo muy grande, esta pandemia reveló lo que ya se sabía pero que decirlo no era políticamente correcto: la existencia de miembros de sus comunidades, abandonados a su suerte, con trabajos precarios cuando una pandemia sucede, los más afectados por esta crisis. Muchos de ellos inmigrantes, con sus vidas ya afectadas por los traumas de la inmigración, el quedarte sin trabajo, sin ingresos y tener el temor diario de que te saquen a la calle por no pagar la renta, sumado ello a la realidad pasmosa de vivir en pequeños cuartos atiborrados de gente que carga las mismas miserias e infortunios. La raza y por ende tu condición social, determinan la certeza de tu muerte.
Nuestros países han comenzado a abrir sus puertas nuevamente al comercio. Es la primera vez que se sentirá que salir a comer afuera sea una ruleta rusa. Lo desconocido está frente a nosotros y algunos países lamentablemente entraron en esta pandemia justo cuando tienen a los peores líderes, una combinación letal.
Al final, el Dios comercio reinará, aún para vendernos cajones para muertos o bolsas de cadáveres a buen precio.




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